LA POLITICA Y LA ETICA SEGUNDA PARTE
LA nueva forma de pensar y de actuar posibilita la creación de una cultura que transforma la política en el espacio de construcción del bien común, en el que todos y todas participamos, cada una y cada uno de acuerdo a su responsabilidad.
Entonces, la política y la ética no pueden ser conceptos independientes: la política debe incorporar la ética como un valor central, para construir una manera diferente de relacionarse entre gobernantes, representantes populares, jueces y magistrados, y ciudadanía. Para lograr que la política tenga contenido y consideraciones éticas debemos romper con la actitud pasiva y meramente receptora de las ocurrencias y caprichos de gobernantes y representantes populares, hay que aprender que en la medida en que ciudadanos y ciudadanas no asumamos una actitud de vigilancia y exigibilidad de seguimiento y solución a nuestras propuestas y demandas, la situación actual de nuestro país no cambiará. Para lo cual el cumplimiento de las leyes es fundamental.
Hay que entender la política no como un mero desarrollo de números y estadísticas macroeconómicas y macropolíticas, sino como una estrategia que posibilite un camino claro hacia el bienestar de familias y comunidades, hacia una mejor calidad en las escuelas, mayor seguridad en nuestra vida diaria, así como un medio ambiente que nos haga alcanzar una mayor calidad de vida.
Exigir una política con contenido ético es fundamental para buscar el bienestar de la ciudadanía, y para que se nos permita desarrollar nuestra corresponsabilidad en la búsqueda y formulación de las soluciones de los problemas públicos. Por esto tenemos que hacer que la acción pública sea la suma y coordinación de las acciones de gobernantes, representantes y ciudadanía.
Una persona por más que tenga la intención de dar una solución a los problemas no es suficiente, hay que aprender a hacer de la política una interacción entre la ciudadanía y gobernantes para que el bien lo logremos entre todos y todas. Por lo tanto hay que abandonar la actitud pasiva y asumir una actitud corresponsable para poder alcanzar éxitos en la acción de la política pública.
Una actitud pasiva o de espera no soluciona los problemas sociales y políticos, más bien hay que exigir nuestros derechos económicos, sociales, culturales, políticos, civiles, para que sean un tema central en las agendas tanto a nivel local, regional, nacional de los gobiernos.
LA nueva forma de pensar y de actuar posibilita la creación de una cultura que transforma la política en el espacio de construcción del bien común, en el que todos y todas participamos, cada una y cada uno de acuerdo a su responsabilidad.
Entonces, la política y la ética no pueden ser conceptos independientes: la política debe incorporar la ética como un valor central, para construir una manera diferente de relacionarse entre gobernantes, representantes populares, jueces y magistrados, y ciudadanía. Para lograr que la política tenga contenido y consideraciones éticas debemos romper con la actitud pasiva y meramente receptora de las ocurrencias y caprichos de gobernantes y representantes populares, hay que aprender que en la medida en que ciudadanos y ciudadanas no asumamos una actitud de vigilancia y exigibilidad de seguimiento y solución a nuestras propuestas y demandas, la situación actual de nuestro país no cambiará. Para lo cual el cumplimiento de las leyes es fundamental.
Hay que entender la política no como un mero desarrollo de números y estadísticas macroeconómicas y macropolíticas, sino como una estrategia que posibilite un camino claro hacia el bienestar de familias y comunidades, hacia una mejor calidad en las escuelas, mayor seguridad en nuestra vida diaria, así como un medio ambiente que nos haga alcanzar una mayor calidad de vida.
Exigir una política con contenido ético es fundamental para buscar el bienestar de la ciudadanía, y para que se nos permita desarrollar nuestra corresponsabilidad en la búsqueda y formulación de las soluciones de los problemas públicos. Por esto tenemos que hacer que la acción pública sea la suma y coordinación de las acciones de gobernantes, representantes y ciudadanía.
Una persona por más que tenga la intención de dar una solución a los problemas no es suficiente, hay que aprender a hacer de la política una interacción entre la ciudadanía y gobernantes para que el bien lo logremos entre todos y todas. Por lo tanto hay que abandonar la actitud pasiva y asumir una actitud corresponsable para poder alcanzar éxitos en la acción de la política pública.
Una actitud pasiva o de espera no soluciona los problemas sociales y políticos, más bien hay que exigir nuestros derechos económicos, sociales, culturales, políticos, civiles, para que sean un tema central en las agendas tanto a nivel local, regional, nacional de los gobiernos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario